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CAPÍTULO UNO
NORMANDOS Y SAJONES

Hace cientos de años, los vikingos realizaron continuas campañas de conquista por toda Europa.

Estos audaces guerreros ‑daneses, noruegos o suecos‑, tuvieron atemorizado a medio mundo durante tres siglos.

Sus aventuras parecían no tener límites geográficos: Alemania, Francia, España, Portugal o Rusia fueron visitados por los feroces vikingos.

Su ansia de expansión, apoyada en una gran preparación militar, les llevó a emprender arriesgadas expediciones por mares y ríos.

Las poderosas embarcaciones con las que contaban, únicas en la época, y su extraordinaria pericia como navegantes les permitía arribar a cualquier costa y penetrar por cualquier río. Su superioridad naval se hizo incontestable.

Adquirieron una gran experiencia en los ataques por sorpresa, y sus terribles y sangrientos saqueos llegaron a sertristemente célebres en toda Europa.

Uno de estos pueblos vikingos, asentado desde hacía años en Normandía, emprendió la invasión de la vecina Inglaterra.

Este país, no muy lejano de las costas normandas, resultaba muy vulnerable por mar. La longitud de su litoral no permitía ni una vigilancia completa, ni una concentración rápida de las tropas para rechazar un desembarco.

Todo esto no pasó inadvertido a los ojos del duque normando Guillermo que, movido por su ambición y deseo de gloria, decidió

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