-Eso no importa -dijo Peter, como si él fuera el único presente que lo sabía todo acerca del tema, aunque en realidad era el que menos sabía-. Lo que nos hace falta es simplemente una persona agradable y maternal.
-¡Vaya! -dijo Wendy-. ¿Sabéis? Creo que eso es exactamente lo que yo soy.
-Sí, sí -gritaron todos-, lo notamos al instante.
-Muy bien -dijo ella-, haré todo lo que pueda. Entrad
inmediatamente, diablillos, estoy segura de que tenéis los pies mojados. Y antes de meteros en la cama tengo el tiempo justo de terminar el cuento de Cenicienta.
Allá fueron; no sé cómo había sitio para todos, pero uno se puede apretar mucho en el País de Nunca jamás. Y aquélla fue la primera de las muchas noches felices que pasaron con Wendy. Más tarde los arropó en la gran cama de la casa de debajo de los árboles, pero ella durmió esa noche en la casita y Peter montó guardia fuera con la espada desenvainada, pues se oía a los piratas de parranda a lo lejos y los lobos estaban al acecho. La casita tenía un aire muy acogedor y seguro en la oscuridad, con una alegre luz filtrándose a través de los postigos y la chimenea humeando estupendamente y Peter montando guardia.Al cabo de un rato se quedó dormido y unas hadas tambaleantes tuvieron que trepar por encima de él al volver a casa después de una fiesta. A cualquiera de los otros chicos que hubiera obstruido el sendero de las hadas por la noche le habrían hecho algo malo, pero a Peter sólo le pellizcaron la nariz y pasaron de largo. |
7.
La casa subterránea
Una de las primeras cosas que hizo Peter al día siguiente fue tomar medidas a Wendy, John y Michael para unos árboles huecos. Recordaréis que Garfio se había burlado de los chicos por creer que necesitaban un árbol por persona, pero lo hizo por ignorancia, ya que a menos que el árbol se adecuase a las medidas de uno costaba subir y bajar y no había dos chicos que fueran exactamente del mismo tamaño. Una vez que se encajaba, uno tomaba aliento en la superficie y bajaba justo a la velocidad apropiada, mientras que para ascender se tomaba aliento y se soltaba alternativamente y de esta forma se subía serpenteando. Naturalmente, cuando uno domina el asunto se pueden hacer estas cosas sin pensarlas y entonces nada resulta más elegante.
Pero sencillamente hay que encajar y Peter le toma a uno medidas para el árbol con tanto cuidado como para un traje: la única diferencia es que las ropas se hacen para que le encajen a uno, mientras que uno tiene que estar hecho para encajar en el árbol. Por lo general es muy fácil hacerlo, por ejemplo poniéndose muchas ropas o muy pocas, pero si uno abulta en lugares poco apropiados o si el único árbol disponible tiene una forma extraña, Peter le hace a uno una serie de cosas y tras eso uno encaja. Una vez que se encaja, hay que tener mucho cuidado para seguir encajando y esto, según iba a descubrir Wendy encantada, mantiene a toda una familia en perfectas condiciones.
Wendy y Michael encajaron en sus árboles al primer intento, pero a John hubo que alterarlo un poco.
Tras unos cuantos días de práctica podían subir y bajar con la facilidad de unos cubos en un pozo. Y cómo se encariñaron con su casa subterránea, especialmente Wendy. Consistía en una estancia grande, como deberían tener todas las casas, con un |
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